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Ilmo. Sr. Hermano Mayor
Nazarena Mayor de la Semana Santa
Capellán de la Cofradía
Presidente y junta directiva de la Agrupación
Junta de Damas
Madrina, Nazarenos, Penitentes, Portapasos
Amigos todos
¡Los marrajos estamos de enhorabuena!
Una de las Agrupaciones que conforman nuestra Cofradía celebra una efeméride
que jamás olvidaremos cuantos tenemos la dicha de compartir, con la AGRUPACIÓN
DE LA STMA. VIRGEN, estos felices momentos que resumen una impresionante y excepcional
trayectoria labrada a lo largo de 75 años. Un período de tiempo
que supone casi toda una vida para los humanos y que, sin embargo, para esta
querida Agrupación marraja supone una nueva dimensión en el tiempo.
Hoy es una fiesta: una fiesta de cumpleaños y estamos congregados aquí,
precisamente, para celebrar el transcurso de un maravilloso período de
tiempo para los marrajos, para los procesionistas y para la Semana Santa de
Cartagena. Por eso hoy, al celebrar el 75 Aniversario fundacional, tenemos que
alegrarnos por el tiempo pasado y por el que ha de venir.
Un filosofo griego, CRISIPO, figura destacada del estoicismo comentaba, sin embargo,
que el pasado ya no es, el futuro todavía no es, solo es el presente
el único tiempo real. No obstante, no es así como lo vivimos.
Muy al contrario, solo tomamos conciencia del tiempo porque recordamos el pasado,
porque anticipamos el futuro.
Hay quienes prefieren vivir del recuerdo; quedarse siempre en la evocación
nostálgica del ayer; son personas que se detienen, que la vida se les
para. NO, no es así para los componentes de la Agrupación de la
Stma. Virgen, como tampoco de los que hoy estamos aquí y soñamos
cada día con un mundo mejor que vendrá después.
Hoy celebramos un acto de alegría, de júbilo muy especial, porque
la Agrupación de la Stma. Virgen lleva 75 años en Cartagena, desfilando
por sus calles, demostrando el marrajismo que atesora pero, sobre todo, ensalzando
a MARÍA y pregonando a los cuatro vientos que a quien procesionan es
a la MADRE DE DIOS, a NUESTRA MADRE, a una Virgen muy niña que no entendía
bien de qué manera tenía que recoger en sus manos al hermoso trozo
de Dios que se le había confiado milagrosamente... ¿o sí
lo sabía? ¡claro que lo sabía! MARÍA tomó
la decisión de ir a visitar a su prima que esperaba un hijo, conocía
los detalles de la maternidad y sabía con qué manos tenía
que coger al hijo, con qué labios tenía que besarlo y con qué
boca le debía cantar las nanas. No con otra boca que con las que había
cantado el MAGNÍFICAT cuando escuchó de labios de Isabel la alabanza
mas perfecta: “BENDITA TÚ ENTRE LAS MUJERES Y BENDITO EL FRUTO
DE TU VIENTRE”.
MARÍA sabía que el HIJO no se le podía romper a Ella cuando naciera.
El Hijo tenía que crecer hermoso, el mas hermoso de los hijos de los
hombres, hasta el momento en que, en el designio del Padre, llegara la hora
de que empezaran a romperlo los demás. Ese era su destino y MARÍA
empezaba a conocerlo.
Por eso hoy estamos haciendo historia: historia de Cartagena, historia de la Cofradía
Marraja e historia en una de las tradiciones más bellas y populares de
esta bendita tierra de La Caridad. Como Cronista de la Cofradía no quería
perder estas dos dimensiones de la efeméride que celebramos: la memoria
y la historia. Si la segunda recoge el dato importante, trascendente, aunque
en ocasiones frío y distante, yo quisiera hoy traer también la
memoria viva, la anécdota simpática y tierna, las emociones contenidas,
las sensaciones experimentadas.
José María Pemán, ese gaditano de gracejo y tronío, de vuelo
frívolo y brillante por la vida y la literatura, tenía siempre
sobre la mesa de su despacho un crucifijo; era un hombre de fe fija y austera.
Decía en ocasiones: “para esto de escribir no hay mas que un secreto:
ser fiel a unas pocas cosas, muy pocas, pero muy fiel, y reírse de todo
lo demás”. Esas pocas cosas eran para él la Religión
y la Monarquía.
Queridos amigos. Este pregonero que os habla también es fiel, quizá a mas
cosas que Pemán, pero muy fiel y una de estas es, sin duda, la Semana
Santa de Cartagena y, dentro de ella, la Cofradía Marraja y sus bellísimos
e impresionantes desfiles procesionales.... y también os diré
que los almanaques que me habéis hecho llegar de NUESTRA MADRE, resaltando
los actos litúrgicos con que la honráis, me acompañan en
mi cartera durante todo el año.
Estar aquí para intentar poner la primera piedra de ese camino maravilloso
que habéis preparado, lleno de ilusión, salpicado de múltiples
actos que dentro de breves momentos daréis a conocer, es un privilegio
que desde luego no merezco habiendo como hay plumas ágiles y más
fáciles que la de este pregonero que os agradece de todo corazón
la confianza que le habéis depositado. Estar aquí en este estrado,
después de escuchar las palabras de la guapa y gentil Mª Carmen,
que con soltura y simpatía va desgranando la secuencia de los actos que
estamos viviendo, me produce una grandísima alegría no exenta
de responsabilidad, porque voy a pregonar a mi Virgen, a mi Virgen Marraja,
que es la vuestra, y ello nos va a hacer a todos restaurar la impronta de cristianos
que llevamos dentro, pues estoy seguro que todos los que aquí nos encontramos
COMPARTIMOS AMOR HACIA NUESTRA MADRE.... Y LA VIRGEN NOS MIRARÁ BENEVOLENTE.
Hace unos días dejamos la Navidad, ¡qué hermoso regalo! A veces
la vida nos da tantas cosas valiosas, maravillosas, y son gratis. Permitirme
que os cuente un bonito cuento navideño...
En cierta ocasión un hombre castigó a su niña pequeña
de 3 años por desperdiciar un rollo de papel de envoltura dorado. El
dinero era escaso en esos días, por lo que explotó en furia cuando
vio a la niña tratando de envolver una caja para ponerla debajo del árbol
de Navidad. Mas sin embargo, la niña le llevó el regalo a su padre
al día siguiente y dijo: esto es para ti, papito. El se sintió
avergonzado de su reacción de furia, pero volvió a explotar cuando
vio que la caja estaba vacía. Le volvió a gritar diciendo: ¿es
que no sabes que cuando das un regalo a alguien se supone que debe haber algo
dentro? La pequeñita miró arriba con lágrimas en los ojos
y dijo: oh, papito, no está vacía, yo soplé besos dentro
de la caja. Todos para ti, papi. El padre se sintió morir, puso sus brazos
alrededor de su niña y le suplicó que le perdonara. Se ha dicho
que el hombre guardó esa caja dorada cerca de su cama por años
y siempre que se sentía derrumbado, tomaba de la caja un beso imaginario
y recordaba el amor que su niña había puesto ahí.
Nos hemos parado a pensar, todos los que aquí nos encontramos, ¿quién
puede ser en el seno de nuestras familias, la que ha llenado de amor incondicional
y besos ese recipiente dorado que hemos recibido? creo que todos coincidimos:
NUESTRA MADRE.
Las madres nos trajeron al mundo; nos proporcionaban cariño y protección
cuando éramos pequeños; nos daban de comer cuando teníamos
hambre o nos abrigaban cuando teníamos frío. Nos aconsejaban en
nuestros titubeos, nos solucionaban los problemas, nos abrían su corazón
cuando recurrimos a ellas.... ¡qué no hace una madre por su hijo!.
Por eso, queridos amigos, somos devotos de la Virgen. Le profesamos una devoción
tierna, llena de confianza en la Stma. Virgen, como la del niño en su
cariñosa madre. Esta devoción nos hace recurrir a MARÍA
en todas las necesidades de alma y cuerpo; en todos los tiempos, lugares y cosas
con gran sencillez, confianza y ternura:
En las dudas, para que nos ilumine.
En los extravíos, para volver al buen camino.
En las tentaciones, para que nos sostenga.
En las debilidades, para que nos fortifique.
En las caídas, para que nos levante.
En los desalientos, para que nos infunda nuevos ánimos.
En los escrúpulos, para que los disipe.
En las cruces, trabajos y contratiempos de la vida, para que nos consuele.
Y
MADRE es para todos nosotros, MARÍA. ESA DONCELLA MAS PURA QUE LA LUZ
DE LA AURORA, MAS HERMOSA QUE LOS MISMOS ANGELES. LA BENDITA ENTRE TODAS LAS
MUJERES. LA FLOR MAS BELLA QUE HA PRODUCIDO LA TIERRA.
No era alta, aunque rebasando una estatura media. El fino óvalo de la cara,
ligeramente bronceado por el sol, tenía el color de una espiga dorada.
Sus ojos eran verdes, las cejas negras y finamente arqueadas; la nariz aquilina
y perfecta, los labios sonrosados, las manos y los dedos largos y delicados.
Pero su mayor encanto era una belleza interior imperecedera e indescriptible.
Era la más seductora de las mujeres por ser la más casta y la
más santa de las hijas de Eva, como decía San Epifanio.
De pronto, el pobre aposento de la Virgen María se inundó de luz.
Luz tan suave, tan viva y refulgente que eclipsaba la del sol matutino que bañaba
Nazaret. DIOS TE SALVE, LLENA DE GRACIA. EL SEÑOR ES CONTIGO.... NO TEMAS
MARÍA PORQUE HAS HALLADO GRACIA DELANTE DE DIOS Y CONCEBIRÁS EN
TU SENO Y DARÁS A LUZ UN HIJO, A QUIEN PONDRÁS POR NOMBRE JESÚS.
MARÍA escuchaba las palabras del ángel. Una luz interior, al mismo tiempo,
ilumina toda su alma. El porvenir suyo y el de su Hijo se le hacen patentes
por una revelación divina, y sin vacilar un momento se rinde a la voluntad
de Dios. Llena de fe y de amor, inclinada profundamente, tal como ha sabido
sorprenderla el pincel de Fray Angélico, exclama en actitud de adoración:
HE AQUÍ LA ESCLAVA DEL SEÑOR, HÁGASE EN MI SEGÚN
TU PALABRA.
Todos los títulos y grandezas de MARÍA arrancan del hecho colosal de
su MATERNIDAD DIVINA. MARÍA ES INMACULADA, LLENA DE GRACIA, CORREDENTORA
DE LA HUMANIDAD. SUBIÓ EN CUERPO Y ALMA AL CIELO PARA SER ALLÍ
LA REINA DE CIELOS Y TIERRA Y LA MEDIADORA UNIVERSAL DE TODAS LAS GRACIAS...
PORQUE ES LA MADRE DE DIOS.
La maternidad divina la coloca a tal altura, tan por encima de todas las criaturas
que Santo Tomás de Aquino, tan sobrio y discreto en sus afirmaciones,
no duda en calificar su dignidad de “en cierto modo infinita”. Y
su gran comentarista el Cardenal Cayetano dice que “María alcanza
los límites de la divinidad”.
San Luís María Grignión de Montfort hace unos razonamientos
sobre el secreto de MARÍA. Habla de la necesidad de santificarse por
medio de MARÍA...¿por qué?
Porque es voluntad de Dios que nos santifiquemos.
Para santificarse hay que practicar las virtudes.
Para practicar la virtud necesitamos la gracia de Dios.
Para hallar la gracia de Dios hay que hallar a MARÍA.
¿Por qué así?
Porque solo MARÍA ha hallado gracia delante de Dios, ya para sí, ya para
todos y cada uno de los hombres en particular.
Porque MARÍA dio el ser y la vida al Autor de la gracia.
Porque Dios la ha escogido como tesorera, administradora y dispensadora de todas
las gracias.
Porque así como en el orden de la naturaleza ha de tener el niño
padre y madre, así en el orden de la gracia para tener a Dios por Padre
es menester tener a MARÍA por Madre.
Porque el Espíritu Santo se desposó con MARÍA y en Ella,
por Ella y de Ella formó su obra maestra, el Verbo encarnado, JESUCRISTO.
Porque, como dice San Agustín, en este mundo los predestinados están
encerrados en el seno de MARÍA y no salen a la luz hasta que esa buena
Madre les conduce a la vida eterna.
Porque MARÍA es el paraíso de Dios y su mundo inefable, donde
el Hijo de Dios entró para hacer maravillas, para guardarle y tener en
Él sus complacencias.
De dos maneras puede un escultor sacar al natural una estatua o retrato: labrándola
en materia dura o vaciándola en un molde. El primer procedimiento es
largo, difícil, expuesto a peligros; un golpe mal dado de cincel o de
martillo basta, a veces, para echarlo todo a perder. Pronto, fácil y
suave es el segundo, casi sin trabajo, con tal de que el molde sea perfecto
y que represente al natural la figura; con tal de que la materia de que nos
servimos sea manejable y de ningún modo resista a la mano. EL GRAN MOLDE
DE DIOS ES MARÍA.
PARA ENTRAR EN LOS PLANES DE DIOS HAY QUE TENER, PUES, UNA DEVOCION ENTRAÑABLE
A MARÍA. ELLA NOS CONDUCIRÁ A JESÚS POR EL CAMINO MAS FACIL,
MAS CORTO, MAS PERFECTO Y MAS SEGURO.
Queridos amigos, os he hablado de la figura de MARÍA, os he enternecido con un
bello cuento navideño. Cambiemos por un momento la mentalidad. Hagamos
abstracción del tiempo e imaginemos que ya está colocada la rampa
en la Iglesia de Santa María de Gracia. Trasladémonos a ese período
del año que el cartagenero vive de una manera especial; que espera con
inusitada ilusión....
Remontémonos al 2 de febrero de 1904, fecha en que el Papa Pío X en su Encíclica
AD DIEM ILLUM dice que MARÍA es la Medianera Todopoderosa y la Reconciliadora
de toda la tierra cerca de su Hijo Unigénito. La llama la “REPARADORA
DEL MUNDO CAÍDO”, siendo consagrado este título para siempre
por la festividad de MARÍA MEDIANERA , instituida el 21 de enero de 1921.
Qué cerca estamos, hermanos marrajos, de ese 15 de marzo de 1928 en que se funda
la Agrupación de la Stma. “Virgen de La Soledad”. Muchos
avatares tuvo que afrontar y soportar hasta que, con la actual imagen que tallara
José Capuz, desfila por las calles de Cartagena en la Semana Santa de
1943, impresionando a la ciudad, a los cofrades y a sus devotos. Solo Capuz
sabía plasmar todos los rasgos de la Stma. Virgen con todo el acierto
posible, destacando por encima de todo sus manos, extendidas casi a la altura
del rostro, vueltas las palmas hacia el cielo, con los finos y separados dedos
vibrantes de dolor. Sin duda, manos expresivas que se unían a su majestuoso
rostro de mujer, radiante de amor y dulzura.
Y así, año tras año, la Agrupación ha ido dejando
y mostrando su impronta de seriedad, dinamismo y efectividad.
Cartagena, ciudad acogedora, luz de contrastes, encuadre de plazas, calles, castillos,
bañada por el azul y claro Mediterráneo que bordea sus costas,
historia viva de recuerdos y vivencias, Patria de los cuatro Santos, vivió
un día esplendoroso junto a las aguas de su puerto, inundando de claridades
todo el amor mariano que sus habitantes tienen.
Ocurrió en la tarde del 7 de mayo de 1995. El mes de las flores; el mes de MARÍA.
¡Se cumplió un gran sueño! Esa lluviosa tarde los cartageneros,
los marrajos, todos al unísono renovaron su fe en el emotivo acto de
devoción mariana. Arduo trabajo el que se desarrolló hasta llegar
al momento cumbre. De eso saben, y mucho, los por aquel entonces Hermano Mayor
Marrajo Pedro Ferrández y Ángel García Bravo, presidente
de la Agrupación, así como el Capellán de la Cofradía
California Rvdo. D. Pedro Casanova Alarcón, pero también una persona
hacia la que hoy quisiera tener un recuerdo especial, el Rvdo. D. Antonio Pérez
Madrid, cuyo delicado estado de salud le impide estar aquí con nosotros.
Para todos los que hicisteis posible ese sueño, la gratitud de este pregonero
que, como marrajo, se siente orgulloso de formar parte de una gran familia cofrade
en la que vosotros, miembros de la Agrupación de la Stma. Virgen, brilláis
con luz propia.
En la Plaza de los Héroes de Cavite y Santiago de Cuba estaba la Stma. Virgen
de la SOLEDAD. NUESTRA SOLEDAD. LA MADRE DE LOS MARRAJOS. SOLEDAD VENERADA Y
CORONADA. Corona de cariño y de ilusión de tus hijos e hijas que
te quieren reina y te ofrecen sus almas. Que quieren que las estrellas formen
orlas de luz y nácar y los luceros tejan diademas irisadas.
Si, VIRGEN DE LA SOLEDAD, eres para los Marrajos nuestra Reina coronada. Eres
“Reina de los ángeles”, porque tu misión es superior
a la de ellos por tu plenitud de gracia y de gloria. Como dice Justino de Miechow,
si los ángeles sirvieron a nuestro Señor, cuánto mas lo
hizo MARÍA.
“Reina de los patriarcas”, porque tu intimidad con Dios superaba con mucho a
la que tuvieron Abel, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, José. El acto
más heroico de Abraham fue aquel por el que se aprestó a inmolar
a su hijo Isaac, el hijo de la promesa. Con mayor mérito MARÍA
ofrece a su Hijo, que le era incomparablemente mas querido que su propia vida,
y no vino un ángel del cielo, como para Isaac, a impedir la inmolación
cruenta de Jesús en la Cruz.
“Reina de los profetas”, pues no solo predijiste el futuro cuando cantabas en
el MAGNÍFICAT “todas las naciones me llamaran bienaventurada”,
sino que los profetas que anunciaron el misterio de la Encarnación hablaron
de Ti.
“Reina de los Apóstoles”, de los 12 Apóstoles escogidos por el
Salvador para predicar el Evangelio y fundar la Iglesia naciente.
“Reina de los mártires”. Martirio del corazón predicho por el anciano
Simeón: una espada de dolor atravesará tu alma. Todos los golpes
que recibía su Hijo, flagelado, coronado de espinas y crucificado, los
recibía Ella misma, pues era una con Él por la profundidad de
su amor. Como decía Bossuet “bastó una sola Cruz para que
ambos fuesen mártires”.
“Reina de los confesores”, porque eres la Reina de todos los que confiesan la
fe en Cristo, porque Ella misma la confesó mas que nadie desde la Anunciación
hasta la muerte de Jesús y luego hasta la Asunción.
“Reina de la vírgenes”, “Reina de la paz”... de la que tan
necesitados estamos en estos momentos.
Y Reina de las DAMAS de tu Agrupación. Una Junta que es orgullo de la Agrupación,
de la Cofradía y de Cartagena entera. Mujeres sencillas, trabajadoras,
afables, luchadoras, que no les importa reducir tiempo con su familia con tal
de agradarte, acompañarte, servirte. Si los ángeles son los mensajeros
de Dios, vosotras tenéis el privilegio de ser las primeras receptoras
de ese maravilloso mensaje que, a través de MARÍA, nuestro NAZARENO
quiere para la Cofradía. Mensaje de cariño, de hermandad, de fraternidad,
de unión, de amor, y vosotras lo sabéis interpretar, como mujeres
que sois, demostrándolo con la incansable labor en la Casa Hogar “Betania”,
donde lleváis la alegría a unas personas mayores que se sienten
arropadas en su última etapa de la vida; con esas exposiciones y rastrillos
artesanales tendentes a engrandecer a la Virgen y mostrar la solidaridad con
las personas necesitadas.
Vosotras sabéis perfectamente que la belleza de MARÍA está en la
fe, en la oración, en la obediencia, en la humildad, en la ternura, en
la servicialidad, en la esperanza, en la valentía y en el amor... y todas
esas exigencias las compartís con la devoción hacia Ella.
Cuantas veces le habéis expresado a vuestra Madre, en ese rato que os encontráis
a solas con Ella, preparándola para la salida procesional, el gozo que
encerráis dentro. Solo con mirarla, le estáis diciendo con amor
VIRGENCICA ¡QUÉ GUAPA ESTÁS!. Sabes que a cada hora, en
todo instante, buscamos tu luz en medio de nuestra aflicción; por eso
eres argumento de esperanza y señal de salvación, MARÍA.
Miramos tu perfil y tu semblanza, y la luz de tus ojos ¡que alegría,
que belleza y que fuerza!.
Eres de un Dios hechura y semejanza, un mar, un monte que nadie alcanza, pero ofreces
sonrisa y cercanía. Y vosotras estáis a su lado.
VIRGEN DE LA SOLEDAD, nos liberas del miedo y la tristeza, curas nuestras heridas y
desencantos, pañuelo para todos nuestros llantos; eres magia, salud y
fortaleza. Señora de la luz, llena de estrellas, dirige nuestros pasos
tras tus huellas.
VIRGEN DE LA SOLEDAD, has llorado tanto que tu rostro entristecido es reflejo de tu
corazón herido. NO QUEREMOS DEJARTE SOLA. Todos queremos rodearte, acompañarte,
darte cariño como buenos hijos y mitigar tu dolor...
¡Ay dolor, dolor, dolor
por mi Hijo y mi Señor!
Señora, Santa María,
déjame llorar contigo
pues muere Dios y mi amigo
y muerta está mi alegría.
Dolor que la ciudad lleva y, también, esos portapasos que bajo el trono te
pasean orgullosos por las calles de Cartagena.
Agradecido os estoy, queridos amigos, por aceptar mi presencia entre vosotros en el cortejo
del Santo Entierro de nuestro Señor, al que me incorporaba finalizadas
las retransmisiones televisivas, no olvidando jamás que fue precisamente
con vosotros, en la noche del Viernes Santo del año 2000, cuando mi hija
Rocío, a la que siempre inculqué sentimientos de cariño
y amor hacia nuestra Semana Santa, vistió por primera vez el traje, desfilando
delante de la Virgen, como madrina del tercio de penitentes.
Esa noche, os confieso, la emoción nos embargaba. Un nudo atenazaba mi garganta
y alguna que otra lagrimica pude apreciar en su sincera mirada. Lágrimas
que no impidieron a quien os habla presenciar ese “encuentro” maravilloso,
que no pudo realizarse en la madrugada, y que dejó plasmado en los anales
de nuestra Cofradía ese abrazo solidario y sentido de unos portapasos
que, finalizando el recorrido, se fundían con otros hermanos que ni siquiera
habían iniciado marcha, en un año en que conmemoraban su 25 aniversario
fundacional; que habían abierto de par en par las puertas del Museo de
Semana Santa exponiendo con alegría un patrimonio que, en la aciaga madrugada
del año pasado, no pudieron mostrar.
Sí, erais vosotros, hermanos portapasos de la DOLOROSA.
En esa madrugada cartagenera que se vive con auténtica pasión, resalta
la figura sencilla de MARÍA DOLOROSA, azul y blanco sobre trono repleto
de olorosas flores. La primera gran amiga de Jesús a todo lo largo de
su vida y también en la Pasión. Su “encuentro” en
la calle de la Amargura con su Hijo el Nazareno, camino de consumar la inmolación
de su pobre e inocente cuerpo, ya bastante maltratado. Su presencia junto a
la Cruz... y esto, aunque por una parte le hizo sufrir mas viendo sufrir a su
Madre, por otra su presencia le sirvió de indecible consuelo; su presencia
y su fidelidad, a Él y a su Obra.
La Virgen fiel, la asociada, la corredentora, la que nunca falló, la siempre
dispuesta al querer de Dios aún en medio de los mayores martirios. Allí
estaba la Virgen con todo su amor de Madre, compensando y deshaciendo en el
corazón del Hijo todos los odios y rencores de sus enemigos. Simplemente,
el poderse mirar mutuamente fue gran consuelo.
La participación de MARÍA en la inmolación y en la oblación
de Jesús, sacerdote y víctima, no podía expresarse mejor
que en el STABAT del franciscano JACOPONE DE TODI:
¡Oh Madre, fuente del amor!
Hazme sentir la violencia de tu dolor,
para que llore contigo.
Haz que mi corazón arda
amando a Cristo, mi Dios,
para que así le agrade.
Haz que lleve la muerte de Cristo,
hazme compartir su Pasión,
y que venere sus llagas.
Haz que, herido con sus heridas,
quede embriagado con la Cruz
y con la sangre de tu Hijo.
Haz que, contigo, llore piadosamente,
y duela con el Crucificado mientras viva.
Quiero estar contigo junto a la Cruz,
y asociarme contigo
y unirme en tu llanto.
Porque eres hija del llanto, de tantas mujeres bellas... por eso, Madre, tu encanto;
por su pena y su quebranto tus flores y tus estrellas.
MARÍA está cerca de la Cruz, con qué ojos mira a su Hijo ensangrentado,
cubierto de heridas. Esta visión es causa de muerte; si se aproxima al
altar es porque quiere ser inmolada y allí, en efecto, siente el golpe
de la espada que, según la profecía del buen Simeón, debía
abrir su corazón maternal con tan crueles heridas.
¿Fue abatida por el dolor? ¿la postró por tierra desfallecida? al contrario,
STABAT JUXTA CRUCEM, estaba de pié junto a la Cruz. No, la espada que
atravesó su corazón no pudo disminuir sus fuerzas: la constancia
y la aflicción van al unísono y su constancia testifica por su
firmeza que no estaba menos sumisa que afligida.
Qué queda, pues, cristiano, sino que su Hijo amado, que le hizo sentir sus sufrimientos
e imitar su resignación, le comunique también su fecundidad. Con
este pensamiento le da por hijo a San Juan: “Mulier, ecce filius tuus”.
Oh, mujer que sufrís conmigo, sed eficaz también conmigo, sed
la madre de mis hijos, os los entrego sin reserva en la persona de este único
discípulo; yo los engendro con mis dolores y, como gustáis la
amargura, poseeréis también su eficacia y vuestra aflicción
os hará fecunda.
MARÍA CORREDENTORA nos engendró al pié de la Cruz por el mayor acto
de fe, de esperanza y de amor que podía hacer en tal momento. Se puede
incluso decir que se trata del mayor acto de fe que jamás haya existido.
En aquella hora de oscuridad, en esa hora de las tinieblas, cuando la misma
fe de los Apóstoles parecía vacilar, cuando nuestro NAZARENO parece
totalmente vencido y su obra reducida a la nada, cuando el Cielo parece no responder
a sus súplicas, MARÍA no cesa un solo instante de creer que su
Hijo es el salvador de la humanidad y que en tres días resucitará
tal y como lo había anunciado. Cuando pronuncia sus últimas palabras
“Todo se ha consumado”, La Virgen comprende en la plenitud de su
fe que la obra de la salvación se ha cumplido mediante la más
dolorosa inmolación.
Por tus dolores
Cartagena entera al Lago te acompaña.
Te mecen tus portapasos
y el capataz que los manda,
con cariño y esmero,
da la orden de alzar:
otra vez, corazón
¡vamos con Ella al Cielo!
Quien de los aquí reunidos no ha presenciado el “Encuentro”. Quien
de los aquí reunidos no ha palpado, no se ha visto involucrado en ese
gesto de amor que envuelve a Cartagena en el mágico despuntar del alba.
Quien no se ha atrevido a decirle al NAZARENO...
“queremos nacer, crecer y madurar en la fe al lado de MARÍA. Como
tú”.
“queremos transformar el mundo y sus estructuras, con amor de hermanos,
al lado de la Madre. Como tú“.
“queremos morir y resucitar contigo sabiendo que MARÍA, nuestra
Madre y Señora DOLOROSA, estará siempre al pié de nuestra
Cruz”.
Como lo estás tú, MADRE DE LA SOLEDAD DE LOS POBRES. Eres Madre de
Misericordia. La Stma. Virgen nos hace comprender que Dios, por pura misericordia,
a menudo nos da más de lo necesario; más de lo que en justicia
nos debe dar; nos muestra que a menudo nos da más de lo que merecemos.
MARÍA, en tu soledad, eres Madre de Misericordia porque eres “salud de los enfermos”,
“refugio de los pecadores”, “consuelo de los afligidos”
y “auxilio de los cristianos”, porque el auxilio es la consecuencia
del amor y MARÍA tiene la plenitud consumada de la caridad. San Bernardo,
en su segunda homilía sobre el “Missus est”, exhortaba así:
“Si el viento de la tentación se levanta contra ti, si el torrente
de las turbaciones quiere arrastrarte, mira la estrella, invoca a MARÍA.
Si te zarandean los embates del orgullo y de la ambición, de la maledicencia
y de la envidia para engullirte en sus torbellinos, mira la estrella, invoca
a la Madre de Dios. Si la cólera, la avaricia o los furores de la concupiscencia
se apoderan de la frágil embarcación de tu alma y amenazan con
asolarla, vuelve tu mirada hacia MARÍA”.
Eso hacemos los marrajos, volver nuestra mirada a esa Madre que junto a los barcos
del puerto pesquero de Santa Lucía, en plena Lonja de Pescado, elevamos
nuestra plegaria pidiéndole que su clemencia nos dé consuelo y
le clamamos ¡Salve!... porque eres Iris de eterna ventura; porque eres
Fénix de hermosura; porque eres estrella de los mares.
Por todo ello
Gracias, MARÍA, por ser llena de gracia.
Gracias, MARÍA, por ser Inmaculada.
Gracias, MARÍA, por ser pobre y humilde.
Gracias, MARÍA, por ser virgen fecunda.
Gracias, MARÍA, por ser mujer del Sí.
Gracias, MARÍA, porque has creído.
Gracias, MARÍA, porque has guardado.
Gracias, MARÍA, por ser Madre del Verbo.
Gracias, MARÍA, por hacerme sentir devoto tuyo.
Gracias, MARÍA, por estos 75 años de vida.
GRACIAS SOLEDAD, DOLOROSA, SOLEDAD DE LOS POBRES, por permitirnos que desde
la Cofradía Marraja os elevemos nuestras oraciones y súplicas.
Por permitirnos que os lancemos besos como los de la niña del cuento
navideño.
A todos los que habéis hecho posible esta realidad, este pregonero os felicita
de todo corazón. A vosotros, NAZARENOS, porque dais esa nota colorista,
sencilla y simpática en todos los cortejos de nuestra Cofradía,
a solas con vuestra Cruz, acompañando a la Madre de vuestros amores.
A vosotros, TERCIOS DE PENITENTES, que escoltáis a MARÍA, la DULCE
SEÑORA MARRAJA, con rítmico y acompasado caminar, cabeceando al
unísono el hachote que portáis entre vuestras manos, como dando
a entender que sois uno en el amor a MARÍA, que sois uno en el cariño
hacia la Madre. A vosotros, PORTAPASOS, que con orgullo soportáis dulce
peso en la madrugada, tristeza y aflicción en un cortejo fúnebre
que da paso a la reflexión y el recogimiento en la última noche
marraja. Portáis sobre vuestros hombros tres joyas muy preciadas. Tres
advocaciones de nuestra MADRE MARRAJA. Tres imágenes salidas de la destreza
y manos artesanas de Salzillo, Capúz y González Moreno.
Sería imposible mencionar los nombres de las personas que a lo largo de estos años
han contribuido al engrandecimiento de esta querida Agrupación. A todos
deseo dedicar mi recuerdo y homenaje de respeto, especialmente a los que ya
no se encuentran entre nosotros. La historia de la Agrupación se ha ido
forjando gracias a la entrega, el trabajo, el esfuerzo y la ilusión de
muchas personas, hombres y mujeres, durante generaciones. Todo ese caudal, desde
Félix Joaquín Fernández Sánchez hasta Julio Valera
López, está hoy en muy buenas manos, pues me consta y a la vista
está que la Junta Directiva, la Junta de Damas, los nazarenos, los penitentes,
los portapasos, estáis desarrollando una labor digna de mérito
y elogio.
Antes de terminar quisiera fundir en mis palabras el AMOR A LA MADRE DEL CIELO Y A
LA MADRE TERRENA, como en la mar se funde la corriente de un río, como
en la madrugada del Viernes Santo se funde la MADRE Y EL HIJO, con la certeza
de ese amor con que nos sabemos distinguidos y protegidos y en el que debiéramos
sentirnos también hermanados.
Permitirme que me sienta cercano a vosotros; permitirme que ponga a los pies de la SOLEDAD,
DOLOROSA y SOLEDAD DE LOS POBRES el ramillete de estas palabras que han salido
de lo mas profundo de mi corazón, y la flor recién abierta de
nuevo de mi agradecimiento por haberme deparado esta ocasión de compartir
con todos vosotros el inicio de este 75 Aniversario plagado de actividades que,
sin duda, constituirán un rotundo y sonado éxito.
Que esta emotiva efeméride suponga un nuevo impulso en todos vosotros para
llevar a cabo nuevas empresas por la Stma. Virgen, por MARÍA. La empresa,
sobre todo, de conocer mejor y poner en práctica a través de Ella
el mensaje de nuestro NAZARENO, mensaje de PAZ, de AMOR, de FRATERNIDAD.
Que sigáis ilusionando con vuestra entrega a la Cofradía Marraja,
siempre con nuevos proyectos, con una dedicación callada pero eficaz,
mejorando cada año todo lo referente a la Stma. Virgen y a sus desfiles
procesionales. Os animo a que viváis siempre ese servicio ilusionado.
Mi agradecimiento a todos porque acabáis de concederme el obsequio de vuestra
generosa atención y de acogerme, por la misma fe que proclamamos, como
uno mas de vosotros.
ENHORABUENA, querida Agrupación de la Stma. Virgen.
¡ FELÍZ ANIVERSARIO !
Muchas gracias
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